La obra Funeral para un amigo imaginario, en M100, tiene dramaturgia de Bruce Gibbons Fell y dirección de Valentina Parada Gallo, es una experiencia teatral participativa que transforma una conferencia sobre la imaginación en una insólita ceremonia fúnebre. Nacida del duelo personal de su directora, la propuesta reúne a personajes creados por niños, niñas y adolescentes para reflexionar sobre la ausencia, la memoria y los vínculos que sobreviven a la pérdida. Desde el 5 al 15 de noviembre, en la Sala Patricio Bunster.
«Esta obra nació en un momento de absoluta oscuridad, justo después de la muerte de mi madre. Cuando el dolor te quita las palabras cotidianas, te quedan los refugios más antiguos», recuerda Valentina Parada Gallo, directora de Funeral para un amigo imaginario. Fue precisamente esa pérdida la que la llevó a reencontrarse con los compañeros invisibles de su infancia y a descubrir en la imaginación una manera de enfrentar el duelo. De esa experiencia surgió la idea de organizar una insólita ceremonia de despedida para alguien que nunca existió, pero cuya ausencia puede despertar emociones profundamente reales.
Con dramaturgia de Bruce Gibbons Fell la propuesta que estrena del 5 al 15 de noviembre en Espacio Patricio Bunster de Matucana 100, transforma una conferencia sobre el derecho a imaginar en un funeral participativo, donde los espectadores dejan de ser simples observadores para convertirse en cómplices de un último adiós.
La puesta comienza con dos misteriosos conferencistas, quienes invitan al público a explorar los límites entre realidad y fantasía. Sin embargo, la reunión toma un rumbo inesperado cuando aparecen amigos imaginarios creados por niños, niñas y adolescentes, personajes que están a punto de desaparecer si nadie los recuerda. A través de juegos, experiencias sensoriales y situaciones que desafían las convenciones teatrales, el montaje propone una reflexión sobre la memoria, la pérdida y los vínculos que permanecen más allá de la ausencia. «Entendí que no es una fuga de la realidad, sino una forma para sobrevivir a ella. Despedir a un amigo invisible es, en realidad, una excusa hermosa para aprender a despedir a quienes amamos, a convivir con las ausencias que nos acompañan y para celebrar todo lo que sigue vivo en nosotros, aunque ya no podamos tocarlo», agrega.
Esta experiencia autobiográfica atraviesa la propuesta, pero no se presenta como un relato confesional. Por el contrario, la dramaturgia construye una situación ficticia que permite abordar una experiencia universal: la necesidad de despedirse y encontrar nuevas formas de mantener presentes a quienes ya no están. En ese sentido, el montaje se aleja de la solemnidad habitualmente asociada a los funerales y propone un espacio donde el humor, el juego y la sensibilidad pueden convivir con la tristeza.
AMIGOS IMAGINARIOS CREADOS POR NIÑOS Y ADOLESCENTES
Uno de los elementos más singulares del espectáculo es la participación de personajes surgidos de la imaginación de niños, niñas y adolescentes, quienes aportan criaturas y compañeros invisibles que se incorporan al universo de la ceremonia. Estos amigos imaginarios aparecen como invitados especiales a un ritual donde su existencia depende de la capacidad de otros para recordarlos. Algunos están a punto de desaparecer; otros parecen resistirse al olvido.
La idea permite abordar una experiencia vinculada habitualmente con la infancia desde una perspectiva más amplia: los vínculos afectivos no siempre necesitan una presencia física para adquirir significado. La puesta cuenta con la investigación escénica e interpretación de Cecilia Yáñez Ortiz y Alex Soprano, quienes encarnan a los dos misteriosos conferencistas encargados de conducir la experiencia.
Durante 80 minutos, ambos intérpretes guían al público por una sucesión de situaciones que desafían las convenciones del teatro tradicional. La conferencia inicial se transforma progresivamente en un encuentro donde la percepción, los recuerdos y la participación de los asistentes modifican la manera de comprender lo que sucede en escena. El trabajo combina actuación, exploración sensorial y una dramaturgia que utiliza la ficción para poner en cuestión la idea de una realidad única e inalterable.
LA IMAGINACIÓN COMO FORMA DE RESISTENCIA







