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CUANDO EL CANON CALLA, DRAMATURGAS CHILENAS, ARCHIVO, MEMORIA Y DISPUTA CULTURAL

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La dramaturgia escrita por mujeres no ha estado ausente del teatro chileno; ha sido invisibilizada. Lo que ha faltado históricamente ha sido su inscripción en el canon, su circulación editorial y su reconocimiento como parte constitutiva de la memoria escénica nacional. Esta afirmación —desarrollada en el prólogo de Evidencias. Las otras dramaturgias (2021)— no sólo interpela a la historiografía teatral, sino que devela un mecanismo persistente de exclusión simbólica que ha operado como norma antes que como excepción.

Desde ese punto de partida, Evidencias 2. Las otras dramaturgias no aparece como un gesto conmemorativo ni como una corrección tardía, sino como una operación crítica y política: la continuidad de un archivo que insiste en demostrar que las mujeres han sido creadoras, pensantes y estructurantes del teatro chileno a lo largo del siglo XX y comienzos del XXI, incluso cuando el relato oficial las relegó a los márgenes.

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Este segundo volumen dialoga explícitamente con la primera edición publicada en 2021, consolidando un proyecto editorial pionero desarrollado por Maritza Farías Cerpa, Patricia Artés Ibáñez y Lorena Saavedra González, quienes conforman el NICE — Núcleo de Investigación y Creación Escénica. El proyecto no se limita a ampliar un repertorio de nombres, sino que propone una revisión crítica de los criterios de legitimación que han definido históricamente qué dramaturgias acceden a publicación, estudio y circulación.

En ese sentido, ambos tomos operan como una cartografía alternativa de la dramaturgia chilena, donde la diversidad estética, política y formal de las autoras reunidas cuestiona las lecturas homogeneizantes y las categorías reductivas aplicadas a la escritura dramática de mujeres. Lo que emerge es un campo plural, atravesado por tensiones históricas, formales y sociales, que dialoga críticamente con su contexto sin quedar subordinado a él.

Las obras seleccionadas —de autoras como Elvira Santa Cruz Ossa (La familia Busquilla, 1918), Rosa Idilia Cabrera (Orgullo infundado, 1926), Gloria Moreno (Nina, 1935), María Asunción Requena (Pan caliente, 1967), Gloria Cordero (Tela de cebolla, 1972), Isidora Aguirre (Retablo de Yumbel, 1985), Inés Stranger (Tálamo, 1996), Tania Báez (La niña descubierta, 1998) y Coca Duarte (Juana de Arco. El misterio de la luz, 2000), junto a la escritura en coautoría de Malucha Pinto y Paulina Hunt (El gran desembarco de las reinas del mambo, 2000)— configuran un arco histórico que atraviesa gran parte del siglo XX y se proyecta hacia los umbrales del XXI. Lejos de responder a una línea estética única, estos textos revelan una dramaturgia plural, atravesada por tensiones sociales, políticas y de género, que dialoga de manera crítica con los contextos en los que fue producida y, al mismo tiempo, con las condiciones materiales y simbólicas que determinaron su posterior marginación del relato teatral dominante. 

Textos como Pan caliente (1967) de María Asunción Requena o Retablo de Yumbel (1985) de Isidora Aguirre no requieren justificación retrospectiva: su potencia política, ética y teatral basta para interrogar por qué durante décadas fueron leídos como excepciones y no como parte activa de una tradición. La respuesta no reside en la calidad de las obras, sino en las condiciones materiales, simbólicas e institucionales que determinaron qué dramaturgias merecían ser publicadas, estudiadas y montadas.

En este mismo arco de restitución crítica se inscribe Nina (1935), de Gloria Moreno, obra temprana de la dramaturgia chilena que fue puesta en escena el 2025 bajo la dirección de Maritza Farías Cerpa. El montaje se vincula a las líneas de investigación del proyecto Evidencias, entendiendo la recuperación del archivo como una activación escénica que interroga el presente teatral desde el pasado.

La relevancia de Evidencias 2 se vuelve especialmente significativa en el contexto político y cultural actual, marcado por tensiones en torno a las políticas públicas de cultura, memoria y derechos. En escenarios de repliegue institucional, los archivos culturales no son neutrales: pueden ser erosionados, desfinanciados o silenciados. Frente a ello, este libro compilatorio no sólo conserva memoria: la activa.

Funciona, así, como una forma de resistencia editorial que sostiene la legitimidad de la creación dramatúrgica de mujeres como parte constitutiva del patrimonio cultural. Evidencias 2 recuerda que toda historiografía es una construcción situada y que disputar el archivo implica disputar el modo en que una comunidad se piensa y se narra a sí misma.

Más que una compilación, este volumen se inscribe como un acto de responsabilidad histórica. Porque cuando el poder político intenta restringir derechos o reducir el campo de lo decible, el gesto de escribir, editar, publicar y leer dramaturgias de mujeres no es sólo un ejercicio estético: es una afirmación de existencia, de pensamiento crítico y de futuro posible para el teatro y la sociedad.

Reseña: EVIDENCIAS 2. Las otras dramaturgias
Editorial Oxímoron, 2024Una lectura crítica sobre dramaturgia, género y visualización histórica

Por T.K.

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