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LA INVESTIGACIÓN Y LA CRÍTICA ABREN NUEVOS SENDEROS DE LECTURA QUE HACE QUE UNA OBRA PUEDA PROYECTARSE EN LA HISTORIA CULTURAL DE UN PAÍS

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Discurso de incorporación de Miembro Correspondiente de la Academia de Bellas Artes; del Académico, Crítico e Investigador Teatral Mauricio Barría Jara. Doctor en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte. 

Ante todo, quiero agradecer a la Academia de Bellas Artes a su presidente Enrique Zamudio, a su vicepresidenta Myriam Singer, a su Secretaria académica Ana Reeves y a su Tesorero Silvio Caiozzi, ya nombrar a estos relevantes artistas habla del contento y orgullo que puedo sentir de haber sido convocado a esta Institución. Un muy especial agradecimiento a la miembro de número María de la luz Hurtado por sus hermosas y dedicadas palabras, mi profunda admiración por su trabajo y me enorgullece que sea ella quien me haya presentado el día de hoy. Agradecer también a los aquí presentes, a los otros miembros de la academia y a mis compañeros que han sido nombrados en esta misma ceremonia. A todos y todas sin las cuales el trabajo de un investigador y un artista investigador no podría realizarse: a mis maestros (algunos que no saben que lo fueron) a mis estudiantes, a mis colegas, a mis amigos y amigas entrañables cómplices de momentos luminosos y oscuros y sobre todo a Christiane por su acompañamiento y apañe y a mis hijos Emilio y Tristan. Sin ellos nada sería posible.  

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Recibo este nombramiento con mucho orgullo y felicidad pues es un reconocimiento a mi trayectoria tanto de investigador, creador y formador de muchas generaciones de estudiantes de actuación y diseño teatral, de filosofía y artes visuales, hoy en la Universidad de Chile, pero antes en muchas otras instituciones como la inolvidable Universidad Arcis, La academia de Humanismo Cristiano, la Universidad de Valparaíso, Universidad Diego Portales entre otras. Sobre todo, siento un enorme agradecimiento por este nombramiento, porque quien lo hace son miembros destacadísimos del mundo del arte en general y de las artes escénicas en particular. 

El Instituto Chile de donde es parte la Academia de Bellas Artes es ese tipo de institución republicana que reconoce la importancia de la labor y el lugar de las artes en el desarrollo de nuestro país. En este sentido, creo que es una responsabilidad no solo porque esta institución cumple la labor de hacer presente esta importancia, sino también de resguardar el rigor y seriedad que implica dedicarse al arte. Es en particular un reconocimiento al trabajo de los investigadores y críticos que son parte del ecosistema productivo del arte, así como lo son las obras, los artistas, los públicos y los espacios de exhibición. Todo ello constituye un tramado virtuoso que se demanda mutuamente y que no podría existir un campo cultural si faltase uno. La crítica y la investigación no solo contribuyen a la generación de memoria, por medio de archivar y registrar las obras – lo que en el caso de las artes escénicas que se definen por su carácter efímero pudiera ser urgente.  La investigación colabora también en dar valor a la obra, por medio del pensamiento que acompaña la producción artística, develando dimensiones de ella que nos son a veces las que el mismo artista imaginó. Expanden el sentido, abren el misterio de la obra al público que no siempre está habituado a su recepción. La investigación y la crítica orientan y es una herramienta pedagógica que colabora en el acceso y disfrute del arte.  La investigación y la crítica abren nuevos senderos de lectura que hace que una obra de arte pueda proyectarse en la historia cultural de un país. 

Este reconocimiento sucede además en un momento muy particular para las artes y las humanidades en Chile. En efecto, frente a ciertos discursos que hoy parece enseñorearse en la opinión pública que degradan el valor de las humanidades y del arte, que menosprecian la investigación por curiosidad porque solo pareciera tener valor aquello que tiene un rédito económico inmediato y evidente, en tiempos que se reinstala un pragmatismo que ve en la utilidad inmediata la justificación de un conocimiento y de una práctica, instituciones como la Academia de Bellas artes por su prestigio y por los objetivos que la hicieron nacer se constituye en un espacio para defender cuestiones que pudieran parecer de perogrullo y que no lo son necesariamente: que la actividad artista es un trabajo y como tal debe ser remunerado, que genera valor social y que indudablemente contribuye al desarrollo y la felicidad de los ciudadanos. Que el acceso y disfrute del arte es sin duda un derecho, así como la posibilidad de producirlo bajo condiciones dignas. La posibilidad de compartir este espacio académico es hoy más que nunca una oportunidad. 

Finalmente quisiera reiterar que es este también un reconocimiento a todas aquellas personas, que me han acompañado y han sido cómplices y partícipes en innumerables proyectos, obras e investigaciones. A muchas las mencioné indirectamente al inicio. Algunas están presentes otras no pudieron venir. Insistir en ellos porque, a fin de cuentas, nunca el mérito es del individuo en solitario, el mérito es también producto de la colaboración, de la concurrencia de muchos que conforman una comunidad. 

MAURICIO BARRÍA JARA 

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