INICIO del TEATRO COMPROMETIDO, una CONTRIBUCIÓN al PROYECTO POPULAR en CHILE. 1963- 1973.

A 50 años del triunfo de la Unidad Popular existe la necesidad de redescubrir una sociedad altamente convulsionada y participativa por parte de la ciudadanía de los años sesenta. Cuando comprendemos el abismo histórico que nos separa dicho pasado con la actualidad, nuestro presente se caracteriza por ser una mezcla desconectada de pasados múltiples e inconexos, compuesta por imágenes de historias legitimadas por el autoritarismo y otras tantas historias que quedaron relegadas al olvido.
“La Historia del Teatro en Chile”[2] ha sido escrita principalmente por sociólogos, periodistas y gente del teatro que han hecho recopilaciones, siendo una fuente importante de datos que ubican en el tiempo, obras y compañías que relatan el contenido y el éxito que éstas tuvieron para ser recordadas como parte de la historia cultural.
El teatro chileno muestra en su identidad, en especial los teatros universitarios, rasgos que se inclinan en su quehacer artístico por la denuncia social y el abierto apoyo a proyectos de izquierdas. Creemos que esta impronta, es una herencia discontinua del teatro chileno que se comprometió en aquellos años con los cambios sociales.
Decimos que es una herencia discontinua, porque los artistas del teatro que ejercen en la actualidad, independiente de las edades, redes y su heterogeneidad manifestada en los elencos que trabajan juntos, sólo un grupo reducido de éstos deben conocer por historias familiares o por militancias políticas, parte de este pasado de la historia del teatro chileno.
Los que desconocemos este pasado, producto de varios factores además del autoritarismo cultural impuesto que borró pasados incómodos, debemos sumar los orígenes sociales de muchos artistas no pertenecientes a círculos de las izquierdas, grupo que también se caracteriza por ser una minoría cerrada y sectaria.
La mayoría que quiere ampliar la historia del teatro chileno debe buscar en especificidades de la academia a especialistas, que también es una minoría cerrada y que esté produciendo material de esa parte de la historia de Chile antes de la Unidad Popular.
A partir de lo anteriormente dicho y frente a la dificultad de acceso a la información de los otros pasados de la historia del teatro, es necesario hacer una revisión exhaustiva de los acontecimientos que cambiaron el quehacer de aquél teatro en un contexto en donde los proyectos políticos globales del mundo en guerra fría, entraron en pugna y que esta vez involucró a un importante sector de la sociedad chilena que, en palabras de Alan Angell, serían parte de los sectores medios radicalizados[3].
Los antecedentes de este teatro educativo fue el obrero, el cual actuó como una experiencia transformadora en el Norte Grande de principios del siglo XX, puesto que educó a los trabajadores en la generación de identidad para que entendieran la condición de explotación, que a partir de la inexistencia de legislación laboral, tuvieron que dar un paso hacia la organización política.
Una vez que la actividad salitrera desciende del escenario económico, los trabajadores con sus familias se trasladaron a las ciudades, ubicándose en la periferia de Santiago. Con el tiempo, emergieron generaciones que tuvieron acceso a la educación formal. Este grupo de artistas provenientes principalmente del teatro experimental, en vez de desconocer sus orígenes sociales hicieron de su historicidad motivos de reivindicación artística, opciones que estos sectores radicalizados dieron un elemento de continuidad de este teatro obrero de principios del siglo XX.
Lo anteriormente dicho puede rastrearse en el caso del grupo de profesores del Instituto Pedagógico los cuales formaron el Centro de Arte Dramático (CADIP), a cargo de don Pedro de la Barra, Roberto Parada, María Maluenda, Domingo Piga, Orlando Rodríguez[4], Rubén Sotoconil, Bélgica Castro, entre otros, ésta última fallecida este Marzo del 2020, grupo que durante los años cincuenta conformó el teatro experimental y que después fundaron el “Instituto de Teatro de la Universidad de Chile” en 1941. Creemos que el antecedente directo del teatro comprometido que surgió en los años sesenta y que intentamos reconstruir a través de prensa y de testimonios orales de sus protagonistas, tuvo su base en el teatro experimental, específicamente en el Instituto de la Universidad de Chile (ITUCH), los cuales, parte de sus alumnos, tales como Nelson Villagra, Gustavo Meza, Delfina Guzmán, Jasna Ljubetic, Luis Alarcón, entre otros, fueron a la Universidad de Concepción entre los años 1958 a 1965, donde sus acciones aunque breves, resultaron fructíferas.

Orlando Rodríguez: foto inédita del estreno “Casa de Muñecas” de Henrik Ibsen, en el personaje Dr Rank, dirigida por Gladys Prince. Donación de la familia Rodríguez. Olivar a la Investigadora Daniela Wallffiguer Belmar.

Recapitulando, las escuelas de verano realizadas en Concepción, donde hubo participación de artistas internacionales tales como Thorton Wilder, Atahualpa del Cioppo y don Orlando Rodríguez en 1960, sumada a la invitación de Pedro de la Barra a dirigir la obra Población Esperanza de Manuel Rojas e Isidora Aguirre y Redes del Mar, del docente normalista José Chestá, desarrollaron el teatro entendido como una herramienta de transformación social y lo difundieron a la población chilena a través de una intensa difusión cultural llevada a cabo por las extensiones universitarias del ITUCH y el TUC principalmente. El TEUC y el TEKNOS se unieron más tarde a aquella oleada de cambios.
Se iba a regiones a buscar talentos en provincias, ya que docentes del teatro experimental hastiados del aburrimiento y acomodamiento de la vida de la juventud santiaguina, recorrieron provincias de Chile para ir en búsqueda de dramaturgia chilena y a encontrar talentos artísticos que fueran a estudiar teatro como carrera. En estos encuentros participaron jóvenes estudiantes de enseñanza media, docentes normalistas o estudiantes universitarios tales como Jorge Gajardo, Berta Quiero, Víctor Rojas entre otros, los cuales nos narraron sus vivencias[6] y recordaron que Roberto Parada, María Maluenda con Víctor Jara, hacían lo mismo en la comuna de San Miguel con el llamado “Teatro del Pueblo”.

Nota que certifica convenio entre la Universidad y la CUT.


En el mismo año y en paralelo, Domingo Tessier, director del ITUCH, y Orlando Rodríguez, éste último profesor de Historia del Arte del ITUCH, sellaron la tarea iniciada por los docentes experimentales y se realiza la firma para concretar una alianza y convenio cultural entre el ITUCH y la Central Única de Trabajadores en 1963. La finalidad del convenio CUT- ITUCH, se presentó como un plan de difusión para que el teatro universitario, anquilosado en sus salones del centro de Santiago, saliera en busca de público y llevara la cultura escénica a todos los rincones del país. Dicho convenio tiene como objetivo, que los institutos universitarios de extensión, suscriban convenios con la CUT, con el objetivo de permitir que el teatro, la música y el ballet, puedan llegar a todos los sectores de la mayoría de la población[7].
Esta firma significó la vinculación artística con una organización de trabajadores que tuvo como objetivo educar a los sectores populares. El convenio debía constar de tres obras que serían estrenadas en el teatro Antonio Varas, el sindicato SIM o de Mademsa, ubicado en San Miguel al sur de Santiago; además de reactivar el Teatro Cariola. Las obras de teatro que inaugurarían este convenio cultural fueron “La Estación de la Viuda” de Eugenio Labiche, “Los Invasores” de Egon Wolff dirigida por Víctor Jara y “El Umbral” de José Chestá.
Más adelante, esta oleada cultural se masificó junto con el Boom Literario de 1962 ocurrido en la Universidad de Concepción, la Nueva Canción Chilena con la Peña de los Parra en 1965, El surgimiento del muralismo con la Brigada Ramona Parra en 1968, para culminar con la firma de otro convenio cultural, esta vez con la Universidad Técnica del Estado en 1969, donde dicha Universidad transformaba la casa de estudios en una Universidad compuesta de trabajadores gracias a la gestión de Enrique Kirberg.
Para ser el inicio del compromiso social de una generación que aprendió de los docentes normalistas del teatro experimental en menos de diez años, junto al apoyo del progresismo cultural de los años cincuenta, éste teatro comprometido aumentó las bases sociales de apoyo para que se produjera el triunfo de un proyecto popular en Chile, investigación que está en curso, la cual puede dilucidar aspectos testimoniales de vivencias culturales que fueron inéditas en la historia cultural de Chile.
Notas:
[1] Daniela Wallffiguer Belmar es profesora de Historia y Mg en Historia mención América de la Universidad de Santiago e investigadora asociada al centro de investigación de educación y cultura americana CECA. www.cecamericana.cl
[2] Ver a Cánepa, 1974; Piña, 2009; Prádenas, 2006; Hurtado, 2011.
[3] Angell, 1997.
[4] Dedicado a don Orlando Rodríguez, quien falleció en enero de 2019 y que no tuvimos acceso a una entrevista sobre todo su quehacer cultural en Chile que es desconocido para la mayoría de los chilenos.
[6] En el caso de José Chestá es Berta Quiero actriz, ex esposa del dramaturgo quien accedió a contar la historia del docente normalista que tuvo una corta pero intensa carrera de escritor, con las obras “Redes del Mar” en 1959 y posteriormente con Orlando Rodríguez que rescató la obra “El umbral” en 1963; el resto de los actores mencionados, accedieron personalmente a entrevistas con la autora en distintos años hasta ahora.
[7] Rodríguez, Orlando. El Siglo, 29 de noviembre de 1963.

Daniela Wallffiguer Belmar: Profesora de Historia y Mg en Historia mención América de la Universidad de Santiago e investigadora asociada al centro de investigación de educación y cultura americana CECA. www.cecamericana.cl

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