EL TEATRO FANTÁSTICO en CHILE. Años 1892-1974.

El género ciencia ficción y fantástico siempre ha estado presente en el teatro chileno.
El siguiente artículo corrobora y menciona las coordenadas de lo afirmado.
Nadie puede objetar que la dramaturgia chilena se ha desarrollado en forma conjunta con el crecimiento del país. Realidad ésta que se demuestra con la presencia de autores nacionales, desde el siglo XVI en adelante, con obras teatrales de distintas temáticas las que, luego de trazadas, se representaban a lo largo y ancho del territorio nacional. Estos dramaturgos abarcaron múltiples temáticas, desde las obras de corte clerical o históricas, a las románticas y sociales; hay que tener presente que con el curso de los años y el desarrollo de la sociedad chilena, se pueden destacar periodos donde el teatro social, tanto por su contenido como por la popularidad que alcanzó, marcaron época. Es el caso de los años 1920 a 1935: periodo que se denomina La Edad de Oro del teatro nacional.


También hay que destacar la gran producción de obras donde los pueblos originarios, en especial el pueblo araucano, eran el tema central.
Sin embargo, al revisar esta extensa y calificada producción teatral, realizada hasta finales del siglo XX, detectamos que los temas fantásticos y los temas de ciencia ficción están ausentes. Sin embargo, hay autores que enfrentaron el desafío y, aunque escasa, existen obras de autores que escribieron sobre estos temas.
I.- Un naturalista y admirador de nuestro pueblo originario.
La primera obra teatral fantástica recopilada, se enmarca en la temática araucanista que, al final del siglo XIX y principios del siglo XX, desarrollaron con mucha fuerza y compromiso los intelectuales chilenos de ese periodo. El autor que asume este desafío es Jorge Klickmann, un descendiente de colonos alemanes que se habrían instalado en Temuco donde su familia se dedica al trabajo agrícola y, es en ese convivir con los sectores campesinos, que se involucra con la cultura mapuche, experiencia que se vuelca en la obra teatral: “La Ciudad Encantada de Chile. Drama patriótico histórico-fantástico”, (1892).
Klickmann, no solo fue un innovador dramaturgo, que en su obra describe la cultura mapuche utilizando en muchos pasajes el mapudungun, sino que, también es un pionero en la alimentación vegetariana, editando los libros “Alimentos Naturales del Hombre” y “Alimentación Higiénica”; el primer texto antes señalado se considera el primer libro en español sobre alimentación vegetariana.
La obra narra los dramáticos acontecimientos que se viven en la Ciudad Encantada, ubicada en el centro del lago Villarrica, ante la amenaza del imperio Inca, que tratara de destruirla, Marenguano, ulmén de la Ciudad Encantada, al no tener un hijo que asuma la defensa de ese maravilloso lugar, debe buscar una pareja para su hija Guacolda. Su argumento, como una opera verista, se enreda en un tinglado de encuentros y desencuentros, donde la mano del destino, movida por casi todo el Panteón de dioses de Arauco, nos va llevando a un final trágicamente inevitable.
II.- El eterno poeta y el espacio.
La segunda obra teatral es Tres piezas de teatro hacia el mañana (1974) trabajo del dramaturgo, poeta y escritor Alberto Baeza Flores, quien sin tapujos asume su obra como de Ciencia Ficción, que, no solo lo es por el enfoque de su temática, sino porque el propio autor así lo define en el prólogo de la obra: “Las posibilidades de un teatro de Ciencia Ficción me parecen importantes y grandes. Mis “Tres piezas de teatro hacia el mañana, son sólo un modesto y tímido internarse por un mundo cuyas posibilidades y riquezas creadoras y humanas ofrece horizontes de mucha atracción y vastedad”.
​ La obra “Tres piezas de teatro hacia el mañana”, se compone de tres partes: Romeo y las brumas; Otelo y la soledad y Hamlet y las Galaxias.
La primera, Romeo y las Brumas, se enmarca en el eterno drama de un amor trágico y se sitúa en una historia de amor en una era de computadoras electrónicas y avances audiovisuales que se desarrolla en la primera década del siglo XXI. El escenario es el planeta tierra, donde impera un sistema totalitario cuyo dictador es El Máximo y tiene un gran equipo represor compuesto por los Servidores Públicos Guía y el Ojo, y una unidad de seguimiento, identificación y aniquilamiento de los descontentos. La segunda “Otelo y la Soledad”, tiene como escenario una discoteca de la década de los años 70 del siglo XX que a sido recreada con toda fidelidad en el siglo XXI, para que, en este ambiente evocador de vicios pasados, como el consumo de drogas, se pueda experimentar con psicotrópicos, drogas sintéticas destinadas a curar males psíquicos. Una tripulación de una expedición a Marte, que recién regresa de ese planeta, sin saberlo cae en el experimento y las alucinaciones recrean el eterno drama que simbolizó el moro de Venecia: los sentimientos llevados al extremo como eje del comportamiento. La última parte “Hamlet y las Galaxias”, donde el comandante Hamlet debe luchar por mantener la cordura y la de su tripulación, luego haber aterrizado de emergencia en un planeta remoto donde solo la comunicación por radio los mantiene en contacto con la base único punto de contacto con la realidad y desde donde los pueden rescatar, sin embargo, extrañas voces van minando la cordura de todos al lentamente ir minando esta comunicación, hecho que los lleva a todos a la locura.

III.- La aplicación de la justicia no es fácil.
La tercera obra teatral es Tres procesos para pensar (1970), escrita por el abogado de Valparaíso, Ángel E. Botto León, en la cual presenta tres piezas teatrales cuyo hilo argumental es el desarrollo de tres juicios: Proceso a Judas; Un Trasplante en el Teatro y Justicia Vacía
La obra que nos interesa destacar es: “Un Trasplante en el Teatro”, donde el autor desarrolla la historia de un trasplante de cerebro que realiza un equipo médico, que extrae este órgano de un convicto de 22 años, que está condenado a muerte, el cual es trasplantado a un calificado científico que, por un accidente tiene su salud muy complicada y moriría en pocos días.
En la obra, el dramaturgo Botto León, centra la trama en el enfrentamiento entre el Fiscal del Tribunal, quien tiene a su cargo la acusación del Estado en contra del doctor jefe del equipo médico con los siguientes cargos: primero, por haber realizado el trasplante y segundo por haber evitado que se cumpla la sentencia de muerte que existe en contra del reo. El abogado defensor debe demostrar que estos cargos son improcedentes y no se debe aplicar la pena de muerte a quien solo usa el cuerpo del delincuente.
La obra, sin duda fue motivada por la cercanía del autor con el eminente médico porteño Jorge Kaplan quien había realizado el primer trasplante de corazón el 28 de junio de 1968 evento que creó una gran discusión en la época sobre los temas éticos involucrados en el trasplante de órganos.

Roberto Pliscoff V. Coleccionista de Literatura de Ciencia Ficción.

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